PROYECTÁNDOSE AL FUTURO

Ingresar a la Educación Superior no debe ser la meta final, sino sólo el primer desafío. Tan importante como entrar a la universidad, instituto profesional o centro de formación técnica es mantenerse en la carrera, y completar los planes de estudio para alcanzar la gran meta de convertirse en un profesional. En ese sentido, una de las grandes preocupaciones es el % de deserción entre los alumnos de 1er año.
Según información desarrollada por el Servicio de Información de Educación Superior (SIES), la deserción al 1er año alcanza al 30,1%, lo que implica que 3 de cada 10 estudiantes dejan su carrera. Al segundo año esa tasa es de 43,3%.
Sin embargo, es importante advertir que un número importante de los estudiantes no deserta definitivamente del sistema, sino que reingresa en los años siguientes, pero a otras carreras o instituciones. Así, al analizar la matrícula de 2008 se puede ver que al año siguiente reingresó al sistema el 8% de los alumnos, en 2010 reingresó 5,5% y en 2011 el 2,5% de los estudiantes. Es decir, más de la mitad de los alumnos que desertan en 1er año reingresa a la Educación Superior en los tres años siguientes. Por lo tanto, sólo hay un 14,1% que deserta y no vuelve al sistema.
Principales causas de la deserción en la Educación Superior
Según un estudio del Centro de Microdatos del Departamento de Economía de la Universidad de Chile de 2008, las principales causas que llevan a un joven a abandonar su carrera son problemas vocacionales, situación económica de sus familias y rendimiento académico.
La investigación reveló que entre quienes confiesan un problema de vocación, 35% cambió de carrera y de universidad, 15% se cambió de carrera en la misma universidad, 15% se retiró para preparar la PSU y rendirla nuevamente, y el 13% siguió la misma carrera pero en otra institución. Respecto a la deserción por problemas económicos del grupo familiar, ésta se produce principalmente en estudiantes que deben dejar de estudiar y comenzar a trabajar. En ese caso, los más afectados son los alumnos de universidades privadas, quienes cuentan con menos opciones para recurrir a créditos o becas.
Otra causa de deserción es el bajo nivel académico previo de los estudiantes, ya que en algunos casos presentan debilidades en contenidos y hábitos de estudio. Además, se ven afectados por el cambio de metodologías de enseñanza y aprendizaje entre la universidad y el colegio.
Más allá de las cifras, abandonar los estudios en esta etapa tiene un tremendo costo. Le cuesta a la familia, que tendrá que pagar uno o más años adicionales por la educación de su hijo. Le cuesta al Estado, cuando está apoyando la formación de ese joven con becas o crédito. Y le cuesta al propio alumno, que debe postergar su sueño profesional y su ingreso al mundo laboral. De ahí la importancia de recorrer paso a paso, y analizar con detención y responsabilidad el camino que lleva a la Educación Superior.

